sábado, 20 de mayo de 2017

Arquitectura del Siglo XX, Bauhaus, Le Cobusier, Wright

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Edificio Bauhaus. 1925-26. Walter Gropius. Dessau, Alemania.

Este edificio se convertirá en el mejor exponente del llamado racionalismo arquitectónico y de la filosofía de la Bauhaus. En él aparecen las principales características del Movimiento Moderno: volúmenes puros articulados racionalmente, uso innovador de nuevos materiales, ausencia de ornamentación, grandes fachadas de vidrio, perfecta interrelación exterior-interior...
  Se trata de un conjunto formado por varios módulos relacionados entre sí que adoptan la forma de aspa, rompiendo así con el concepto de simetría de la arquitectura tradicional. Gropius separó cada función en un volumen prismático individual con entradas independientes y diferentes fachadas: el bloque más espectacular, por su extensa fachada de vidrio, que permite la máxima iluminación y la visión del espacio interior, alberga los talleres; otro, formado por ventanas horizontales contiene las aulas; y el tercero, más alto, agrupa los apartamentos de los alumnos, cuya fachada se resuelve mediante huecos individualizados con balcones. Los dos primeros están unidos por un cuerpo elevado sobre una calzada en el que se encuentran la administración y el despacho del director. A su vez, talleres y estudios se conectan mediante un cuerpo bajo ocupado por el salón de actos y el restaurante. Cada módulo responde individualmente a su función y a su vez se articula como parte de un todo.

El esqueleto del edificio está formado por una estructura de hierro y hormigón y en el exterior se utiliza como material innovador el vidrio.
       Edificio Bauhaus
La fachada única ha desaparecido dejando paso a una concepción realmente sorprendente. La articulación externa refleja a la perfección la distribución interior de los espacios. No hay un núcleo central o principal, sino diversos cuerpos que se expanden hacia el exterior para, seguidamente, replegarse en ángulo recto formando un nuevo cuerpo. El movimiento de los diversos cuerpos forma dos alas que paradójicamente casi dibujan una esvástica.

En los años treinta, los nazis introdujeron algunos cambios en el edificio y así sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial. Después, fue declarado monumento nacional y se reanudaron las clases, pero en 1948 las autoridades comunistas no permitieron que prosperara la iniciativa. Sólo en 1975 se abordó su completa restauración, terminada cuatro años después.

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Villa Savoie. 1929. Le Corbusier.  Poissy, Francia.
Este edificio es una de las obras más representativas de la arquitectura del siglo XX y uno de los mejores ejemplos de racionalismo arquitectónico. La familia Savoie, que la encargó,  pasó, sin embargo, poco tiempo en la casa. Durante la Segunda Guerra Mundial se usó como almacén de heno y en la posguerra como centro juvenil; estuvo al borde de la demolición en 1958, pero André Malraux consiguió que fuera declarada monumento histórico en 1964. En ella Le Corbusier consigue plasmar lo que él entendía por arquitectura, cuya finalidad debe de ser dotar al ser humano de un espacio donde desarrollar dignamente su existencia, la vivienda como machine à habiter. Para ello aplica los principios básicos del racionalismo, uniéndolos a los logros de la sociedad industrial.
                                                                                 Villa Savoie
 
El edificio, enteramente pintado de blanco, se encuentra situado en medio de un jardín,  en el que destaca nítidamente por su exquisita pureza cúbica. Exteriormente es como una gran caja que se eleva en el terreno mediante una serie de pilotis (pilares de hierro cilíndricos) ligeramente retranqueados respecto al perímetro exterior. Un vehículo puede circular entre ellos permitiendo el acceso directo a la casa. Ésta tiene dos plantas con un jardín sobre la cubierta. En la planta baja se encuentran el garaje, las zonas de vestíbulo y servicio. El vestíbulo es un amplio espacio delimitado por paredes curvas enteramente de vidrio. En el centro se inicia una rampa que comunica todos los niveles del edificio y conduce a la primera planta donde se encuentra la vivienda de la familia con una gran terraza en torno a la cual se sitúan todas las habitaciones: el gran salón, la cocina, el cuarto de invitados y los de los propietarios. La terraza se une al salón principal mediante puertas correderas, pues es considerada como una prolongación del mismo, como una habitación exterior de la casa. El recorrido por la rampa continúa hasta la azotea, concebida como jardín-solarium, desde la cual se disfruta de una bella vista del paisaje circundante. Las paredes, de formas redondeadas recuerdan las chimeneas de un trasatlántico y contrastan con las formas rectilíneas de la planta inferior. El muro exterior de la primera planta, al no tener función tectónica, está abierto en su totalidad por ventanas horizontales, que permiten tener unas magníficas vistas del exterior. El edificio tiene un marcado carácter horizontal.

En esta obra Le Corbusier aplica los cinco principios fundamentales con los que intentó en 1926 definir la nueva arquitectura:

Fachada libre. Gracias al empleo del hormigón armado se puede hacer la fachada independiente de la estructura del edificio.
Planta libre. Los pilares forman un esqueleto independiente de los muros, tanto exteriores como interiores. De esta forma el espacio interior se puede modular a voluntad colocando los tabiques con mayor libertad y de forma variada.
Ventanas apaisadas y corridas. Esta forma de las ventanas aumenta la visibilidad y proporciona una luz uniforme al interior, relacionándolo además con el espacio exterior.
Planta sobre pilotis a distancias regulares. La casa sobre pilotis deja libre la planta baja y el edificio pierde el pesado zócalo de los edificios tradicionales.
Azotea con jardín. El techo plano permite utilizar la cubierta del edificio como terraza-jardín, prolongando el de la primera planta, para favorecer la vida al aire libre e incorporar la naturaleza a la casa.




Casa Kaufmann o Casa de la Cascada. 1935-1939. Frank Lloyd Wright. Bear Run, Pennsylvania,  Estados Unidos.

Fue un encargo realizado a Frank Lloyd Wright por Edgar Kaufmann, un rico ejecutivo y director de unos grandes almacenes en Pittsburg. En esos momentos Wright era un prestigioso arquitecto con bastante experiencia en la construcción de casas unifamiliares.

En primer lugar, llama la atención su sorprendente ubicación: sobre una cascada y en medio de un bosque con manantiales, un lugar idílico donde sólo se oye el murmullo del agua y de las hojas de los árboles. Se consigue así una plena integración con el entorno, hasta el punto de que la naturaleza parece invadir la construcción. También los materiales utilizados refuerzan este hecho. La piedra natural de las paredes recuerda las rocas y el cristal permite que el paisaje circundante esté constantemente presente en el interior de la vivienda.

La casa consta de tres pisos escalonados y superpuestos, cada uno de los cuales tiene su propia planta, independiente de las demás. El piso inferior está ocupado por la entrada y la gran sala de estar, que se prolonga en una impresionante terraza que vuela sobre la cascada. También se encuentran en este piso algunas dependencias más, como la cocina. En el piso intermedio están los dormitorios y proyecta también una gran terraza hacia el exterior, que forma con la del piso inferior un ángulo de 90°. Una parte de ella está cubierta por la anterior, pero hay otra parte absolutamente libre, no quitando ni luz ni sol a estas dependencias. En el piso superior se encuentran  las habitaciones de los invitados.

El eje vertical de la casa lo constituye la chimenea, que arranca de la parte trasera del edificio, como una torre, en donde se ensamblan las diferentes dependencias y las terrazas, cerradas por parapetos lisos en voladizo, que se proyectan en diferentes direcciones. Esta utilización del hormigón es de una gran audacia técnica, al constituir una especie de esqueleto sustentante del edificio que libera los muros de su función de carga.
                                                                        Casa Kaufmann
            El espacio interior de la vivienda refleja la pureza y sobriedad del arte oriental. La arquitectura pasa a ser, sobre todo, espacio interior, espacio habitable. Se antepone la función primordial de un edificio, la habitabilidad, a cualquier otra. Pero además, se busca la comunicación  con el exterior, de modo que la Naturaleza penetra en la propia vivienda.

Como ya hemos dicho la casa está construida en materiales muy diversos, naturales  como la piedra o la madera, pero también procedentes de la tecnología moderna, como el hormigón armado, el hierro o el cristal. Todos ellos se conjugan con los elementos naturales (las rocas, el agua o la vegetación) lo que unido a los contrastes de luz y sombra produce efectos muy interesantes.

En conjunto, en la casa dominan las líneas horizontales, aunque equilibradas por las líneas verticales de los muros y soportes.

Wright era un admirador del arte japonés, que tiene indudable influencia en su obra. Incluso estuvo en Japón, donde construyó el Hotel Imperial de Tokyo (1916-1922), aunque también era un buen conocedor de la arquitectura europea, como el racionalismo. 
 


 

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